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PUNISHED - Brynn Paulin - "CAPITULO 2"

  
Capítulo 2
Natalia se revolvió inquieta en la silla, deseando aun poder sentir el aguijón dulce que había experimentado la noche del viernes y todo el sábado. Llegado el domingo, sólo había un vago rastro del dolor por la mañana, pero había ido a almorzar y se perdió. Dios mío, ¿qué estaba mal con ella?
Valientemente, se arrastró hasta su trabajo, haciendo los informes semanales para su jefe, Ethan Tavish, atendiendo a todo lo que él necesitara durante todo el día. Ethan, que era el vicepresidente de publicidad de la pequeña empresa donde trabajaban, parecía raro aquel día. De hecho, el Señor Inaccesible, como muchas veces pensaban de él, no estaba actuando tan inaccesible como era su costumbre.
- Natalia, ¿puedes venir aquí? – Él la llamó por la puerta abierta de su oficina faltando un minuto para las cinco. Ella puso los ojos en blanco. Claro, él quería verla justo a la hora de salir. Bueno, no era como si tuviese grandes planes. No había nada más allá de una película, un baño de espuma, y su novio a pilas en el orden del día.
Colocó el bolso en el cajón del escritorio y apagó la luz de su mesa. Ethan estaba de pie cerca de la puerta cuando ella entró en su oficina. Miró hacia él confusa. Una extraña tensión parecía sobrevolar a través de la sala, uniéndolo a su comportamiento poco común de hoy, ella se preguntaba si estaba a punto de ser despedida. O tal vez, él iba a ser trasladado, y esperó hasta ahora para contárselo.
Inquieta con la visión de su mesa limpia, que generalmente estaba llena de pilas de papeles, ella decidió que lo segundo sería lo correcto. Entonces ¿por qué estaba tan tenso ahora? Tenía miedo que de que ella fuera despedida. Él tenía reputación de ser un demonio para trabajar, pero en realidad, a ella le gustaba su dominio. Él nunca fue serio. Él era solo… demandante. Y exigente.
A ella le gustaba el dolor. Le gustaba su carácter muchas veces arrogante. Al parecer, ella era una masoquista. A lo grande. Pero, él también era protector. Nadie se metía con ella, a menos que quisiesen sufrir la ira de Ethan.
- ¿Olvidé hacer algún informe? – preguntó ella, sabiendo muy bien que no lo había hecho. Ella utilizaba una lista de verificación para no perder ningún informe.
Ella saltó al oír la puerta siendo cerrada, cuando miró hacia arriba, Ethan estaba de pie junto la puerta con la mano en la cerradura.
- Ethan…
Él negó con la cabeza. - Señor – instruyó – Me gusta cuando me llamas Señor.
- Pero, yo nunca…
Ella jadeó, mientras él cruzaba los brazos sobre el pecho y las mangas de la camisa se estiraron sobre los musculosos brazos. Sus largos y poderosos dedos enroscados sobre su bíceps. Excepto uno – el dedo índice que golpeaba lentamente, de arriba abajo.
No…
Su coño se volvió crema con los profundos ojos azules que la observaban como si supiesen todos sus secretos. De repente, estaba segura de que al menos, él sabía uno.
Él se agachó y trabó la cerradura, su corazón se disparó como copas cayendo sobre el suelo, encerrándolos juntos en la habitación.
- Ahora, Señorita Cooper – dijo él con voz fuerte de mando – Quiero que te saques las braguitas, dóblalas sobre mi mesa y levanta la falda hasta la cintura.
Ella lo miró, horrorizada.
- ¿Debo llamarte Señorita Smith? – preguntó, confirmando lo que ella ya sabía.
- No…
- No, ¿no obedecerás mi orden, o no debo llamarte Señorita Smith? – Él se retiró de la puerta dejando de jugar – Ahora Natalia. Haz lo que digo.
Su tono no admitía discusión, y ella no tenía ganas de discutir. Se había sentido atraída por Ethan desde el día en que llegó desde la agencia de secretarias, apuntó hacia ella y exigió que asumiese el puesto de la secretaria que acababa de terminar con lágrimas. Él no era el ogro – ella lo había visto de inmediato - pero había pocas cosas que pudiesen coincidir con su personalidad.
Un escalofrío la recorrió, y el calor atravesando su coño se acurrucó en su vientre. Y ahora sabía algo sobre él que nadie más en la empresa podría adivinar.
Su coño positivamente empapado, ella se subió la falda y empujó sus bragas de encaje negro por sus muslos.
- Déjalas en las rodillas – gruñó – Luego separa las piernas todo lo que puedas.
- Sí señor – susurró ella sabiendo que se estaría completamente expuesta, mucho más que en la imagen de su cabeza. Ella se inclinó sobre el escritorio. Ahora entendía que estuviera limpio.
- Adorable – murmuró. Su mano golpeó su trasero, y ella saltó por la sorpresa. No le había oído aproximarse – Ningún moretón o marca. Te curas rápido. ¿Tienes algún dolor?
- No señor.
Él se rió entre dientes. – ¿Qué quieres ser?
Ella dudó. ¿Qué debía decir?
- La verdad Natalia.
Qué Dios la ayudase… - Si – ella murmuró – Me… me gustaría recordar tu dominio. Eso me hizo sentir…
- ¿Especial? ¿Cuidada? ¿Poseída?
- Sí
- Señor
- Sí, señor – se corrigió
De pie tras ella, él arrastró los dedos suavemente sobre sus caderas. – ¿Quieres saber por qué utilicé la paleta en vez de las nalgadas contigo? – Pasó sus manos de arriba abajo por las nalgas, sus pulgares trazando un camino. Empujó un poco y se alejó de ella. Llegando más abajo, acariciándola en su costura – No podía confiar en mí mismo para hacerlo.
Natalia gritó cuando dos de sus dedos empujaron dentro de ella, y afirmaron su coño. Su cabeza cayó a los brazos sobre el escritorio mientras se vanagloriaba con la sensación de sus dedos follándola y reclamando su coño.
- Cariño, te sientes tan bien en mis dedos – le dijo. Él manoseó su clítoris, enviando sobre sus dedos como rayos disparados a través de ella. – Oh sí, me gusta cuando te vienes. Estás goteando encima de mí.
- Me gusta que me toques, señor.
- Pero eso no es todo lo que quieres.
Aún avergonzada por admitir ante él sus deseos secretos, ella escondió su rostro entre los brazos y sacudió la cabeza. Gimió en señal de protesta cuando los dedos la abandonaron. ¿Ya había acabado?
El silbido de su cinturón deslizándose por las presillas atravesó la sala. ¿El cinturón? ¿Qué iba a hacer con el cinturón?
Se rompió cuando él lo trajo hasta la mitad preparado para azotar su trasero.
Natalia gemía y se retorcía con el pensamiento de lo que estaba por llegar. La excitación corría por sus venas. Se inclinó sobre ella, sus labios en su oído con el cuero arrastrando por su culo.
- Me gusta el sonido de una mujer cuando la estoy disciplinando, pero en este caso, debes guardar silencio. Nada de gritos o lloros – advirtió – ¿Entendido?
- Si señor – ella respondió.
Con esto, él se apartó para quedarse a un lado ligeramente detrás de sus caderas. El cinturón silbó por el aire cuando lo hizo caer sobre su culo, y ella luchó contra el gemido. Ella ahogó el sonido con las manos cuando el dolor quemó a través de ella. Ethan no se detuvo. El cinto golpeó sobre su trasero repetidamente hasta que ella estuvo segura que estaba rojo como la manzana de Macintosh. Estaba ardiendo, y las lenguas de fuego lamían hasta su coño, encendiendo un placer que se derramaba en ella como lava.
Sus gritos fueron silenciados por el éxtasis.
- Sí – ella gimió – No pares. Haz mi culo tuyo.
- Boca sucia – Él la reprendió, y ella lo notó jadeante, su tono áspero. Unos cuantos latigazos aterrizaron en el pliegue de las nalgas y muslos, y ella sabía que recordaría este interludio cuando caminase, así como cuando estuviese sentada.
Ethan se inclinó sobre ella.
- ¿Quieres que te folle?
Si no lo hacía, ella podría morir. Su vibrador había estado a punto de no cumplir con su necesidad el viernes. Necesitaba ser dominada por su Amo. – Si. Si, si, si. Por favor.
Agarrando las tijeras de la mesa junto a su escritorio, él le cortó las bragas. – No estás autorizada a usar de estas cuando estés cerca de mí. ¿Entendido?
Tiró de ella hasta ponerla en pie y acarició su cuello, mordiendo y chupando, mientras le abría la blusa. En un momento, fue tirada al suelo. Su sujetador siguió el mismo camino un segundo más tarde. Si ella pensó que le iba a acariciar sus pechos, estaba completamente equivocada.
Ethan la empujó hacia atrás contra la mesa y la agarró por las muñecas. Si bien la mayoría de sus acciones fueron brutales, fue suave al llevar sus brazos hacia atrás, y ella supo que el uso de la fuerza los excitaba a los dos. No tenía ningún deseo de hacerle daño.
Tan pronto sus muñecas estuvieron en la parte baja de su espalda, las apretó con una mano enorme, y pateó sus piernas para separarlas más. Su mano libre alineaba su polla con su coño. Con un fuerte empujón, él se introdujo completamente en ella, obligando a su suave canal y no dando cuartel cuando comenzó un ritmo brutal dentro y fuera de su cuerpo antes de que pudiera adaptarse.
- ¿Sabes tu palabra de seguridad? – gruñó él.
- Sí – gimió ella, y luego comenzó una letanía de Nos cuando ella tiró de sus muñecas, comportándose como si quisiese estar libre de él – No… para… - jadeó, sabiendo que él no lo haría hasta que dijese la palabra de seguridad que le haría parar.
- Te gusta – gruñó – Tómalo. Toma mi polla follándote. Tu coño es mío.
- No – ella gimió. Él tiró de sus brazos hasta que los hombros se juntaron en la espalda, sus pechos presionaban el escritorio. La superficie pegada a su piel sudorosa, tirando y arañándola, mientras él la follaba sin piedad.
Ella había fantaseado con Ethan, pero nunca se había imaginado que estaría completamente a su merced. Le encantaba.
- Me perteneces – él exigió.
- Sí…
- Y follaré este coño siempre que quiera.
- Oh, Dios, Ethan – exclamó. La liberación golpeándola, escurriendo a través de su cuerpo casi tan duramente como la estaba follando. Su cuerpo se inclinó, tirando contra él mientras las sensaciones la sacudían como si fuese una marioneta fuera de control en una cuerda. Sin embargo, él continuó golpeando dentro y fuera de ella.
Su brazo se deslizó por debajo de ella, y la levantó del escritorio, llevándola a la alfombra, donde la arrodillo al estilo perrito con los hombros apoyados en el suelo y el culo en el aire. Ethan nunca paró. Golpeó para entrar en ella con tal fuerza, que tuvo que apoyarse en la alfombra o quemar la alfombra.
Y le encantó. Era el tipo de follada que había soñado durante años. Feroz. Dominante. Un hombre que se apoderaba completamente de ella.
De repente, otra liberación martilleó a través de ella, todo su alrededor se sacudió manteniendo su impulso. Ella gritó entre sus manos, las lágrimas corrían por su rostro mientras las sensaciones se acumulaban en su cuerpo, abrumada también por sus emociones.
Ethan se quedó rígido detrás de ella, y sintió su esperma caliente inundándola. Él se desplomó hacia un lado, tirando de ella con él. Mucho más suavemente a como la había follado, se retiró de su coño y la puso sobre la espalda. Con ternura, limpió las lágrimas con su pulgar.
- ¿Estás bien? – preguntó con el ceño fruncido de preocupación.
- Perfecta – Ella giró la cabeza y limpió su mejilla – No sé lo que pasa con estas.
Inclinándose, la besó suavemente. Su lengua empujó entre sus labios, saboreando y reclamando su boca – ¿Vienes a casa conmigo? – preguntó
- No sé si mi trasero podrá soportarlo – le dolía, pero oh era tan bueno. Ella se movió. Recordaría ese encuentro durante horas, incluso mañana.
Él le acarició el hombro, y ella lo sintió sonreír antes de hablar. – Sexo normal. Vainilla. Sin nalgadas. Solo quiero estar contigo esta noche y abrazarte. ¿Vale?
- Sí. Me gustaría.
Natalia se sentía un poco incómoda cuando salió del edificio parcialmente vestida – no es que un observador casual pudiese saber que no llevaba bragas ni sostén, pero se sentía desnuda. Ethan caminó a su lado, pero no tan cerca como para que alguien pensase que iban juntos. No la tocó, ni siquiera la miró.
Hasta que llegó a su Lexus.
Entonces él le abrió la puerta del pasajero y la guió al interior con una codiciosa mano deslizándose por su espalda y por encima de su culo. Ella se mordió el labio con su toque íntimo y esperó estar haciendo lo correcto. Él era su jefe, pero en ese momento, parecía como si fuese mucho más que eso. Ethan conocía sus deseos más íntimos  y estaba más que dispuesto a cumplirlos. De hecho, parecía que compartía los mismo deseos, solo que desde el ángulo opuesto. Se preguntó si eso la debería preocupar. Disfrutaba de un azote sensual como parte del juego sexual, pero no estaba segura de meterse en una relación donde podría ser un acontecimiento que sucediese todo el tiempo. Como su superior, él siempre había sido profesionalmente distante. Nunca se había acercado a ella antes ni había dado alguna indicación de que pudiera desearla remotamente. Pero un compromiso libre sería difícil de llevar en el trabajo.
- ¿Estás de acuerdo con esto? – Él preguntó tras sentarse.
- Creo que sí.
- Pero no sabes que esperar ¿no?
Ella asintió con la cabeza. – Sí
Puso en marcha el coche y su mano le rozó la pierna al alcanzar la palanca de cambios. – Debes esperar ser mía – le dijo, y la calma se apoderó de ella como su corazón se aceleró.
- Tuya… vale.
- Estoy de acuerdo con algunos aspectos del BDSM, pero no todos. Por lo que he visto, creo que vas a disfrutar de las cosas que hago. Y cuando estemos en una escena, me llamarás señor. ¿Entendido?
- La mayor parte. ¿Cuándo estamos en una escena?
- Cada vez que estemos solos y esta tensión entre nosotros se pueda cortar. La sientes. Lo sabrás.
Ella se retorció y la mano viajó por el interior de su pierna, empujando hacia arriba la falda y deslizándose por sus muslos. El calor inundó su coño y ella sintió que aquello estaba bien.
- Como ahora ¿señor? – preguntó. Su respiración se aceleró cuando la excitación se apoderó de ella. Sus pezones estaban duros contra la blusa, y ella sabía que debían estar empujando hacia delante, claros faros de su necesidad.
- Exactamente. Eres tan sensible. No puedo esperar para estar contigo otra vez. Quiero ver tu rostro cuando vueles lejos a mí alrededor.
Ella no podía esperar para eso. El pulso se le aceleró con la idea de verle corriéndose dentro de ella. Mirándole, supo que nunca sería la misma otra vez. Señor, aquí está el informe, ¿puedo inclinarme sobre el archivo para que me folle ahora? Ella casi se rió ante la inadecuada idea, pero el sonido se convirtió en un gemido cuando los dedos acariciaron sus pliegues y jugaron con su clítoris. Su cabeza se inclinó para atrás mientras se hundía en las sensaciones. Él curvó los dedos hacia abajo, y empujó dentro de ella, estirando el canal poco a poco, era tan bueno tenerlo dentro de ella, tocándola allí. Ella se inclinó en el asiento para darle un mejor acceso.
Ethan era todo con lo que había fantaseado durante años. Contundente, pero, sin embargo, atento a su placer. Ser dominada por él cumplía con sus más profundas necesidades. Rezó para que él la hiciese suya durante algunas noches más.
- No te muerdas el pobre labio – le ordenó – Quiero oírte.
- Sí señor – Exclamó, luego gritó cuando él pellizcó más fuerte su clítoris, una miríada de colores estallo ante sus ojos. Suave y áspero. Ella nunca había estado tan bien. – Sí – gimió – Otra vez. Por favor.
Él abandonó su pasaje por completo para concentrarse en el pequeño botón que podría darle a ella tanto placer-dolor. – Te verías preciosa con un anillo o una barra aquí – le dijo, mientras pellizcaba otra vez y giraba sus dedos. – El tiempo de cicatrización impediría nuestro juego, aunque… por suerte, conozco la manera de simular el mismo sin llegar a la perforación. Mmmm, si. Puedo sentir que te gusta esto. Estás tan cremosa. Voy a lamerlo todo tan pronto como te metas en mi cama – o tal vez antes -  agregó mientras ella se estremecía.
¿Tenía alguna idea de lo que sus sensuales palabras le estaban haciendo? Minutos después aparcó en el sombrío camino de entrada con árboles alineados.
- Quédate ahí. – dijo él. Saliendo del Lexus, él fue alrededor del coche hacia su lado. Ella esperaba que la ayudase a salir del vehículo. En vez de esto, él la giró en el asiento, le separó las piernas y se arrodilló entre ellas. ¡En el camino de entrada! Apenas tuvo un momento para pensar antes de que su cabeza se hundiese entre sus muslos. Ella ahogó un grito con las manos cuando él agarró su clítoris con los labios y los dientes. Colocó las manos debajo de su trasero y la levantó en su boca. Con hambre se dio un festín con ella, lamiendo su crema y mordisqueando su carne tierna.
- ¡Oh, Dios, si! ¡Más! – rogó.
Él pellizcó una sensible nalga para castigar su falta de deferencia. Esto era una escena, y tenía que respetarlo y a él.
- Señor – exclamó – Por favor, señor, por favor.
Él gruño contra su coño, vibrando su aprobación muy profundo dentro de ella, y supo que había respondido correctamente. Quería su sumisión a él… y a ella le resultaba tan fácil.
Ella agarró el salpicadero y el asiento de atrás para mantener el equilibrio mientras él arrastraba su lengua por ella, pero entonces la metió profundamente en su canal, alejando toda la excitación cremosa que pudo. Incluso en medio de las sensaciones abrumadoras, la desconcertó ver la cabeza oscura hundiéndose y empujando contra ella. Ethan, su serio jefe. El señor Intocable. Y wow… la estaba tocando.
Sus  labios se pegaron a su clítoris una vez más, y él sacó una mano de debajo de ella. De repente, metió dos dedos en su coño y el mundo estalló a su alrededor. Cayendo hacia atrás sobre la consola central, gritó. Una y otra vez su orgasmo fluía, colores corriendo delante de sus ojos, mientras la sangre golpeaba al pasar por sus oídos. Ethan se levantó sobre ella, besándola con dureza. Sus dedos siguieron follando su coño. Queriendo sentirle, ser uno con él, ella le rodeó con las piernas sus caderas estrechas.
Los dos estaban tan crudos, tan necesitados, que ella se preguntó si podrían hacerlo en la cama antes de caer uno sobre el otro de nuevo. Las escaleras, el pasillo, el sofá, la pared… a ella no le importaba. Tener a Ethan era todo lo que le importaba.
Él rió cuando empezaron a bajar de su liberación. – Eres ruidosa – murmuró en su oído – Menos mal que mis vecinos son distraídos.
- Lo siento – susurró, sintiendo calor no relacionado con su orgasmo recorriendo sus mejillas.
- No sé. A mí me gustó. – Le mordió el labio inferior – Quiero más.
Soltándola, salió del coche y luego tiró de ella para que le siguiese. Abrazándola y besándola, empujó la puerta cerrada luego arrastró los pies por la entrada principal. Una vez dentro, la empujó contra la pared y pateó la puerta cerrándola.
- Toda mía ahora – gruñó contra su cuello.
- ¿Debo preocuparme?
- Oh, sí… mucho. Nadie te lo dijo. Soy un ogro. Como núbiles secretarias y les hago correr por sus vidas. Pero lo que nadie sabe es que me gustan los juegos de azotes. Todo tipo de juegos de azotes.
- Mmmm – murmuró, deslizándole sus manos sobre el pecho. Los pezones empujando contra la palma de su mano mientras se movía sobre sus firmes pectorales. – Lo sabía.
- ¿Sabías que me gusta atar a mis amantes a la cama, y seguir mi malvado camino con ellas?
Un temblor estremeció en su vientre. Ella no sabía eso, pero… Oh, quería que lo hiciese con ella. – No, no lo sabía.
Su pulgar tiró de su labio inferior. – Te lo estás mordiendo otra vez. ¿Así que juegas?
- Sí – susurró – Sí, me gustaría, señor.
Él sonrió y le sujetó la barbilla, el pulgar deslizándose por su mejilla. – Y pensar que no tenía ni idea de lo que tenía a mi alcance todo este tiempo.
- Me gustaría un poco más de alcance…
Él ahuecó sus pechos y apretó los firmes montículos. – Te gustaría, ¿verdad?
- Sí… Ethan…

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